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Comer es una necesidad, alimentarnos bien es un derecho

En el marco del Día Mundial de la Alimentación, una reflexión sobre la mesa argentina: por qué una alimentación saludable exige empatía, no puede ser un privilegio y debe ser un derecho real y accesible para cada familia.

Por Ailén Kemmerer, Licenciada en Nutrición.

MP CONUER 590 – Nutri Aktiva

Cuando pienso en la alimentación de los argentinos, no pienso primero en calorías ni en dietas. Pienso en una mesa. En quien vuelve del trabajo y se pregunta qué va a cocinar; en una mamá, un papá o un abuelo que intenta que la comida alcance para todos; en ese plato compartido que, incluso en los días difíciles, reúne y abraza. Porque comer nunca fue solamente saciar el hambre: también es familia, identidad, recuerdos y cuidado.

Nuestra mesa fue cambiando. De los guisos hechos en casa y las recetas heredadas fuimos pasando a días más apurados, con menos tiempo para cocinar y más opciones listas para consumir. Cambiaron nuestras costumbres, nuestros horarios y lo que encontramos en los comercios. Pero hay algo que pesa especialmente en la Argentina: cuando la economía aprieta, también cambia lo que llevamos a casa. Muchas veces no elegimos lo que quisiéramos, sino lo que podemos.

Por eso, hablar de alimentación saludable exige empatía. No todas las familias parten del mismo lugar. Detrás de un carrito de compras hay cuentas, trabajo, tiempo y decisiones difíciles. No podemos señalar a alguien por lo que come sin conocer su realidad, ni convertir la alimentación en una exigencia imposible.

Como nutricionista, creo profundamente que la alimentación puede ser una de nuestras mejores medicinas cotidianas: una forma de proteger la salud, prevenir enfermedades y ganar bienestar. Y esa oportunidad no debería ser un lujo. Necesitamos volver a valorar los alimentos que nutren de verdad: frutas y verduras de distintos colores, legumbres, carnes, huevos, cereales y agua. Alimentos que aportan energía, proteínas, vitaminas y minerales y nos acompañan en cada etapa de la vida.

«Antes de juzgar un plato, miremos a la persona que hay detrás. Como sociedad, tenemos que trabajar para que comer bien sea un derecho real y no un privilegio de unos pocos.»

No se trata de lograr platos perfectos ni de comprar lo más caro. A veces, empezar es tan sencillo como sumar una verdura al guiso, incorporar lentejas a una comida familiar, elegir una fruta de estación, combinar arroz con porotos o buscar carnes y otras fuentes de proteína que se ajusten al presupuesto. Mirar precios, aprovechar lo que hay y cocinar de forma simple también es cuidar. Cada pequeño cambio posible tiene valor.

Pero elegir mejor no puede ser una responsabilidad individual solamente. Como sociedad, tenemos que trabajar para que comer bien sea un derecho real y no un privilegio de unos pocos. Para que los alimentos frescos y nutritivos estén al alcance, y para que cada familia tenga la información y las condiciones necesarias para decidir con libertad.

Si este Día Mundial de la Alimentación nos deja una reflexión, ojalá sea esta: antes de juzgar un plato, miremos a la persona que hay detrás. Y antes de buscar la dieta ideal, pensemos cómo hacer posible una alimentación más humana, más simple y nutritiva para todos. Porque cuidar la mesa de nuestras familias es, en el fondo, cuidar la salud y el futuro de nuestra comunidad.

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